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martes, 1 de febrero de 2011

El mundo de los no muertos.

El mundo de los no muertos.

Estaba leyendo una noticia sobre un joven que se había suicidado y pensaba “qué pasará con el alma de esta pobre gente” Y de pronto un eco atravesó mi mente, me maree y empecé a vomitar algo color verde, terminé tirado en el suelo y temblando.

Cuando despierto estaba acostado en una cama, no se en que lugar. Era una habitación grande, con grandes ventanales y cortinas translucidas de color blanco que flameaban con el aire que entraba de afuera. En el aire se olía un aroma a pino y se respiraba una paz que excedía los límites normales. ¿Dónde me encontraba…?no se. Miro un espejo que estaba delante de mí y veo una silueta de un joven sentado, vestido de negro, con su cabeza entre las piernas.

-¡Por qué! –Me grita y la piel empieza a desgarrarse del cuerpo y sus ojos se transforman a un color totalmente blanco y se acerca a mí…

El mundo de los no muertos (La Luz)

Rápidamente me levanto y salgo corriendo, un temor extremo me invade, el joven se acerca a mi y extiende su mano como queriendo tocarme, pero yo corro, veo una puerta, sin medir, la abro, al traspasarla la cierro y la trabo para que no pueda entrar. Alguien me toca el hombro, era el joven pero esta vez su cuerpo no estaba desgarrado, si con algunas marcas en la cara, como que la piel de a poco se le iba cayendo.
-Nunca podrás salir de aquí, no vas a escapar de este castigo –Su voz sonaba espectral.
-¿Quién sos? ¿Qué hago acá? –Pregunte.
-Sos lo que provocaste, sos nada, ni muerto ni vivo, estas en éste mundo que no te lleva ni al cielo ni al infierno, aquí hay miles de almas, como vos, como yo, que cometieron este error –Respondió.
-Yo me voy de aquí –Y Salí por la otra puerta que estaba del otro lado de la habitación.
Cuando vuelvo a entrar en el otro cuarto, era idéntico a los demás y ahí estaba el muchacho, pero esta vez con el rostro más reconocible.
-Pero…sos muy parecido a mí, como es posible.
-Es que somos uno, son tus diferentes estados del alma en el infinito inframundo de los no muertos y no vivos. Cada puerta que abras te encontraras, nos encontraras por toda la eternidad.
Entonces miro por la ventana, y lo que vi me aterrorizó mucho. Ya el olor a pino había desaparecido, la paz que sentía en todo mi ser se había esfumado, vi mucha oscuridad, cielo sin sol y sin celeste, todo gris, el olor era putrefacto, pero lo más aterrador eran las almas que caminaban por allí, almas vestidas de cuerpos, todas sufriendo, gritando desgarradamente, arrastrándose en sus penas proclamando piedad, y un rayo corta el cielo en cien partes.
Giro y veo el espejo nuevamente, allí seguía el joven, sentado con su cabeza entre las piernas, apoyando sus pensamientos en su regazo. Agarro un crucifijo roto del suelo y lo tiro con todas mis fuerzas hacia el espejo…y se rompe una luz emerge de el, una luz muy brillante y persistente, no veo nada, el brillo atenúa, veo figuras que se mueven la luz se normaliza. Se donde estoy ahora, se que a veces el fin es la entrada a un comienzo renovado.

-Aplíquenle, tres dosis de éste medicamento y háganle un lavaje de estomago.
-¿Qué pasó doctor?
-Cálmese, intento suicidarse tomando pastillas, pero lo salvamos. Todo tiene solución en la vida, mire usted, hoy hasta la muerte tuvo esa mala suerte de no ganar.

Amigos tomen esta historia como mejor le plazca. El suicidio es un acto de cobardía a la vida que nos dieron. Se que hay casos extremos y se que por la muerte un hijo hay gente que hace cualquier cosa, yo no se que haría, pero si esta acción de matarse conlleva a vivir lo que vivió mi personaje, es mejor llorar eternamente la perdida, a vivir eternamente penando.
Maxymo.