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viernes, 28 de enero de 2011

Oportunidad (Cuento reflexivo)

 

Oportunidad

Estaba sentado en el medio del desierto, un bebé hermoso de piel blanca y ojos de cielo. A su alrededor, el viento soplaba a la nada, solo la arena volaba como estela de lo que fue. El suelo se agrietaba de resequedad y todo era una llanura inmensa. Él, allí inconsciente de la realidad, movía sus brazos como jugando con las sombras que proyectaba el sol intenso sobre su cuerpo, no se inquietaba. De pronto a su lado, zigzagueante un trébol de cuatro hojas resurgía de entre las grietas del suelo, el viento la torcía pero no lo doblegaba, persistía como el bebé.
El nato quiso gatear para encontrar su destino, observó el trébol que no se movía y decidió quedarse y que la plantita de una vez lo comprenda, que sepa las intenciones de viajar hacia algún lugar donde el vacío deje de ser su única compañía. Era impune al sufrimiento, al dolor, a los sentimientos humanos. Su alma alejaba demonios que surcaron esta tierra alguna vez y su mirada ajaba el horizonte con esperanzas del renacer.
Espejismos de una vida aparecían como destellos espontáneos, imágenes que son pasado, y de un pasado que no debe retornar, voces casi balbucientes lo distraían y él rotaba la cabeza buscando la fuente de ese sonido. Oyó un árbol caer, en su inconciente había heredado los sonidos del mundo muerto, después, llantos y ruegos lo expiaron de divinidad y perdón, estruendos ensordecieron sus sentidos de violencia hasta doblegarlo ante la paz. Una manada de animales se abalanzó sin levantar arena por sobre el desierto seco, animales extinguidos por la bondad de la muerte que agraciaban las manos de mil demonios terrenales vestían el silencio con ecos retardados.
Y llegó la noche, estrellas danzarinas batían su brillo incandescente como puntos sin sombras que enarbolaban el manto negro que cubría el cielo. Él extendió su mano para tocarlas pero ellas se defendieron pinchándole el dedo, es que no estaban acostumbradas a ser tan observadas, tantas noches de iluminación indecorosa servían como muro y su majestuosidad onírica sostenía el subterfugio del anonimato. La luna reía del otro lado del mundo, cómplice de las estrellas después de pactar el trascendente acto.
Nuevamente la mañana, un cause retoña a lo lejos, tan real como su humedad, un hilo de agua llega hasta el bebé, fresca y sediciosa que vence a la sed, que desde ese momento fue parte de su humanidad. El trébol seguía a su lado como un protector de su espíritu.
Un árbol nace a su espalda, imponente en pocos minutos, frutos lo visten como ángeles solventes de saciar el hambre que de a poco poseía al bebé. Un recuerdo malicioso se enroscaba por el tronco vestido de ambición, ofreciéndole poder, dominación de los ejércitos celestes y oscuros, pero él no accedió, una manzana cayó de la copa y fue lo que salvó la integridad de su cuerpo, ya era humano.
Pronto el sol abrazó la vida, creando con sus brazos formas y colores por todos lados la naturaleza ya no era un recuerdo.
Rayos surcaban como partiendo el limbo nuevamente negro, y caían sobre la tierra dando vida a las manadas que en la mente del niño una vez fueron efímeras.
El desierto dejó de serlo y el niño dejó de ser inmune, ahora lloraba, sentía en su pecho como su corazón absorbía sentimientos desarraigados y desconocidos.
De pronto miró sus manos y quedó detenido en el tiempo, hasta que estas crecieron junto a su cuerpo, se sentía solo, pero Él supo de su necesidad… en una roca sin grises, al lado del trébol que el joven tanto cuidaba, una luz brillaba cada vez más fuerte, era tanto el resplandor que cegó momentáneamente al ahora adolescente, pero de a poco fue todo más claro, el resplandor se disipó y ella apareció con rostro sin espinas, con la piel pulida de impurezas, con ansías de madre y belleza ancestral. Nació el amor, nacieron las necesidades de ser más, nacieron los sentimientos, las broncas, los temores.
Siempre latente enroscándose por la vida, los demonios de un mundo que ya no existía más los perseguía. Fue un mundo destruido por la avaricia humana, por la incomprensión de las razas y las creencias, por la obediencia a líderes sin estandartes y acorazados por bastiones sin fortaleza sentadas sobre bases de mentiras e indulgencias, ese mundo murió hace años y nació nuevamente la vida, alguien dio otra oportunidad, el que cree en Dios fue él, el que cree en otra cosa, pues eso será. Pasó un tiempo, todo transcurría en forma pacifica, la tierra se había poblado y los fantasmas del pasado querían regresar. Ese día las nubes se arremolinaron y el cielo se acongojó, truenos sonaron en el limbo y las nubes se abrieron…alguien habló.
-He creado nuevamente el mundo para ustedes…cuídenlo.
                                                                                             
                                                                                              Final del comienzo

Maxymo

7 comentarios:

Princesa115 dijo...

Pues me has dejado con la boca abierta, me encantó. Entre sigilosamente y con tu permiso me quedo. Me gustan tus letras...me inspiran paz.

Un saludo

Maxymo Gonzalez dijo...

Princesa115, quedate el tiempo que quieras, muchas gracias por pasar. Saludos.

Poeta del Cielo dijo...

Amigo Maxymo primero agradecerte por tu visita y tu comentario en mis letras gracias amigo.... paso a visitarte y nos recibes con estas letras geniales.... gracias pór compartirlas....

saludos
linda semana
abrazo

Maxymo Gonzalez dijo...

Gracias Poet del Cielo por tuas palabras. Saludos.

Eduardo dijo...

Me gusta el relato, con ese toque épico, un poco bíblico, y en varios sentidos una hazaña literaria que hace volar la imaginación, me gusta en especial la parte que dice:
"el que cree en Dios fue él"
un saludo maxymo

Luna dijo...

Me ha encantado el relato, sobre todo el final. Siempre hay una nueva oprtunidad...

Saludos enormes.

Maxymo Gonzalez dijo...

Eduardo y luna, muchas gracias por pasar.Saludos.